A. Garcia / El Sol

Venta de drogas, prostitución, robos y un sentido general de inseguridad es lo que algunos residentes de Pacoima dicen ha sido creado en vecindario desde que abrió un albergue para indocumentados en el área.

“La gente ya no se siente segura aquí”, resumió Ana, quien pidió no revelar su apellido por miedo a represalias y quien vive sobre la avenida Norris, cerca de la Iglesia Bautista Great Community Missionary Church, donde opera el albergue de emergencia durante el invierno, entre Noviembre y Marzo.

El refugio, con capacidad para 100 personas, abrió en Diciembre de 2014 para proveer un lugar limpio y seguro donde los desamparados puedan pasar las frías noches del invierno. Pero los vecinos se quejan de que atrae otros problemas a su vecindario.

“Se planeó en un área residencial, usualmente donde no debería operar un albergue para indigentes”, dijo Ana.

Ubicado en el 11066 de la Avenida Norris, el albergue abre de 6 p.m. a 7 a.m., pero los vecinos dicen que muchos de los que buscan refugio en el lugar durante la noche, pasan los días juntándose en el área y — ellos alegan — algunas de estas personas usan o venden drogas, otras son prostitutas o las buscan ahí y los grupos de hombres y mujeres sencillamente los atemorizan.

“No me siento cómoda caminando a (la tienda) 7-Eleven (en la esquina de la avenida Norris y el bulevar Van Nuys”, dijo Ana.

“Ahora tienes que manejar menos de una cuadra para evitar todo esto”, agregó.

Ana dijo que nunca les notificaron acerca de la apertura del recinto y que los problemas empezaron poco después de su apertura.

Ella dijo que ha visto a gente teniendo sexo en autos, fumando crack en un callejón detrás del albergue, peleas y todo tipo de actos ilegales.

“Los actos lascivos y la venta de drogas se han vuelto algo normal ahora”, agregó.

Isabel, otra vecina que tampoco quiso revelar su nombre, concuerda con Ana.

“Uno ya ni siquiera puede caminar por aquí”, dijo. “Es insoportable.”

Isabel dijo que ha llamado a la policía al menos en 20 ocasiones reportando actividad ilegal en su vecindario.

Agregó que aunque el albergue cerró en Marzo, mucha de la gente que lo frecuenta simplemente se quedó en el vecindario y nunca se fue.

“Desde que abrieron en Noviembre, las cosas se pusieron peor”, alegó. “Ellos van y duermen en el albergue, pero se quedan aquí en la calle todo el día”.

Isabel incluso dijo que algunas de esas personas han entrado en su casa y robado objetos.

A este punto, tanto Isabel como Ana enfatizan que quieren que el lugar cierre por completo y que lo abran en otro lugar.

‘UNAS MANZANAS PODRIDAS’

La agencia no lucrativa Hope of the Valley, con base en Sun Valley, está a cargo del albergue. Ellos también administran otro albergue para indigentes en la National Guard Armory en Sylmar.

Ken Craft, fundador de Hope of the Valley, dijo al San Fernando Valley Sun/El Sol que habló con Ana, la vecina que reportó esto a nuestro periódico, pero que nunca antes había escuchado de problemas que tuvieran los vecinos.

“Esta es la primera vez que escucho de problemas”, indicó.

Sin embargo, mencionó que tienen guardias de seguridad en la entrada del albergue quienes se aseguran de que los que entren al recinto no porten drogas u objetos relacionados con drogas.

La agencia también recoge a indigentes en ciertos lugares del Valley para llevarlos al albergue, pero “son transportados de regreso a esos lugares por la mañana”.

Craft indicó que la mayoría de la población que sirve el albergue son mujeres entre 40 y 60 años y que hay regalas estrictas para los que llegan al lugar de no perturbar a vecinos.    

Aquellos que van al refugio tienen acceso a una ducha caliente, cena, desayuno y un almuerzo en bolsa. No se permiten carritos de supermercado en el recinto y cada persona solo puede llevar una bolsa, que es revisada cuidadosamente. Y todos las personas deben salir para las 7 a.m. También hay trabajadores sociales y voluntarios disponibles en el albergue para conectar a personas con servicios que necesiten.

“Honestamente no creo que estas personas (que están creando problemas) sean del albergue”, dijo Craft, aunque dijo que trabajaría con los vecinos y los encargados del lugar para hacer frente a cualquier problema que se presente.

“No quiero que un par de manzanas podridas arruinen esto para todo el mundo. Esta es una línea de vida para mucha gente, especialmente con El Niño ahora”, agregó.

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