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MEXICO (AP) — El papa Francisco advirtió que los problemas de seguridad no se acaban cuando se encarcela a alguien y urgió a todos a atender las causas estructurales.

En su último día en México, el pontífice llegó a la localidad fronteriza de Ciudad Juárez donde visitó una prisión, y desde donde envió un mensaje de misericordia a los presos.

Les pidió “no quedar presos del pasado, del ayer” y “aprender a abrir la puerta al futuro”.

El papa llegó con un regalo para la capilla de la prisión: un crucifijo de cristal.

Unos 700 presos lo escucharon desde el patio de la cárcel, que en algún momento fue una de las más peligrosas y estuvo en total control de grupos del narcotráfico.

“El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social”, dijo Francisco.

Una interna agradeció la visita del papa, a quien le dijo que su presencia es un “llamado para aquellos que se olvidaron que aquí hay seres humanos”, porque aunque hayan cometido un delito “la mayoría tenemos esperanza de redención”.

El pontífice también saludo a 20 hombres y 30 mujeres que mostraron buena conducta.

El patriarca de la Iglesia Católica llegó a las 10 de la mañana al aeropuerto donde fue recibido por el gobernador del estado de Chihuahua, César Duarte, y otros funcionarios locales.

Antes de salir de los hangares, el papa se detuvo unos minutos a saludar a la gente que lo esperaba en una tribuna.

Desde tempranas horas, personas comenzaron a cruzar la frontera desde El Paso, Texas, hacia Ciudad Juárez, donde el papa Francisco ofreció una misa multitudinaria en el último día de su visita a México. Un constante flujo de personas cruzó a pie por el Puente de las Américas desde El Paso hacia Ciudad Juárez, poco ante de la misa del mediodía.

Voluntarios de la diócesis obsequiaban botellas de agua a los que cruzaban el puente.

Luis Trillo fue uno de los que cruzó el puente a pesar de padecer artritis en las piernas. Dijo estar emocionado de escuchar la bendición de Francisco.

El altar temporal donde el papa Francisco celebró una misa al aire libre está a unos pasos de la frontera entre México y Estados Unidos, muy cerca del río Bravo (el río Grande, como lo llaman del lado estadounidense).

El horizonte de El Paso, Texas, se observaba claramente y un helicóptero de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza estadounidense volaba el martes tan cerca que parecía pasar por encima el altar, mientras hacía un lento recorrido sobre el enorme río.

En un hecho que causó alarma, el avión que transportaba al papa Francisco fue alcanzado por una luz láser desde tierra al momento de llegar el viernes a Ciudad de México, informó la aerolínea.

Alitalia informó el miércoles que nadie resultó herido y la aeronave aterrizó de forma segura. Agregó que la tripulación notificó el incidente al personal de la torre de control del aeropuerto mexicano.

Autoridades en todo el mundo han manifestado su preocupación por la gente que apunta luces láser hacia los aviones. En algunos casos, los tripulantes han sufrido daños oculares.

La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) reportó casi 4,000 incidentes con láser en 2013.

Después de su escala en Ciudad Juárez partió hacia Roma.

De esta manera, Francisco cerró una visita de cinco días fuertemente enfocada en las injusticias que sufren los más pobres y oprimidos en México, y aquellos que son más vulnerables a la violencia de las drogas.

El papa Francisco llamó el martes a sacerdotes y monjas a no paralizarse ni resignarse ante la violencia y el narcotráfico que a veces enfrentan en sus comunidades y los convocó a encontrar inspiración en otros que lucharon contra la injusticia.

“¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad?”, preguntó el pontífice durante una misa multitudinaria frente a religiosos en Morelia, capital del estado occidental de Michoacán que se ha visto marcado por la violencia y la penetración del narcotráfico.

El mismo papa respondió que esa tentación puede resumirse como “resignación”, la cual “nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino”. Pidió hacerle frente y seguir el ejemplo de otros, como Vasco de Quiroga, un obispo español que en el siglo XVI enfrentó las injusticias que vivían los indígenas.

Francisco inició su cuarta jornada en México con una visita a Morelia como un guiño a la Iglesia que quiere después del sonoro regaño que lanzó el sábado a la alta jerarquía católica mexicana, cuando pidió a los obispos estar más cerca de su pueblo.

Calificó la resignación como “una de las armas preferidas del demonio” y dijo que caer en ella “nos frena para arriesgar y transformar”.

La violencia que diversas zonas de México han padecido ha dejado desde 2006 más de 100.000 muertos y unos 27,000 desaparecidos. Michoacán llegó a ser uno de los estados más afectados por la presencia del narcotráfico, uno de cuyos carteles penetró incluso actividades como la minería y la producción de limón y aguacate.

Algunos sacerdotes también han sido víctimas de la violencia.

“A veces la violencia nos ha hecho bajar los brazos, bien por desánimo, por costumbre, o por temor”, dijo Fausto Méndez, un seminarista de 23 años de la orden de San Agustín que asistió a la misa. “Por eso el papa viene a decirnos que no tengamos miedo a hacer lo correcto”, añadió.

Gerardo Sandoval, seminarista de 19 años de la misma orden, admitió que en ocasiones se sienten solos, pero el mensaje de Francisco les sirve para saber que no lo están. “Los tiempos son difíciles, pero nuestra fe no decae”, dijo.

El papa fue recibido entre ovaciones de sacerdotes, monjas y seminaristas que callaron para la misa pero luego reanudaron los gritos y cantos.

“íSe ve, se siente, el papa está presente!”, gritaban. “íFrancisco, hermano, ya eres mexicano!”.

La visita del papa a Morelia es vista también como un gesto hacia el arzobispo de Morelia monseñor Alberto Suárez Inda, hasta ahora el único cardenal mexicano nombrado por Francisco y quien -como Francisco- ha llamado a la jerarquía católica a dejar de lado sus cómodas vidas para convertirse en “pastor de sus ovejas” y acompañar a la gente en los momentos duros que pasa el país.

“Él comparte las exigencias del papa de alejarse de una mirada adormecida. Es un hombre crítico pero que puede dar respuestas”, dijo a The Associated Press el padre Leopoldo Sánchez, vicario de pastoral y mano derecha de Suárez Inda los últimos 20 años.

“Tiene la habilidad para tender puentes y relacionarse de igual forma con el gobierno y con los indígenas”, aseguró este sacerdote, quien también es el encargado de la visita del papa a Morelia.

Michoacán es cuna de sanguinarios cárteles y un importante centro de distribución de drogas que por años estuvo dominado por el cartel de la Familia y luego el de Los Caballeros Templarios.

Cansados de la violencia de los últimos años, habitantes de Michoacán se armaron en 2013 y crearon grupos de autodefensa para enfrentar a los narcotraficantes.

Este movimiento espontáneo, aplaudido inicialmente por la población, también extendió la violencia por decenas de municipios e incluso terminó dividido y penetrado por algunos narcotraficantes a los que antes combatía.

“Nunca va a haber paz en Morelia aunque venga el papa o quien sea, porque estamos en manos de la mafia, desde la policía a los políticos”, dijo pesimista José Luis López, un hojalatero de 43 años.

Tras el surgimiento de las autodefensas, las autoridades federales iniciaron una nueva ofensiva contra el cartel de Los Caballeros Templarios y capturaron o mataron a sus principales líderes. También fueron arrestados funcionarios estatales y municipales que trabajaban para el grupo.

“La situación ahora se calmó un poco en los últimos meses pero los problemas siguen intactos”, aseguró López a pocos metros de las cruces blancas pintadas en el suelo en recuerdo de los ocho muertos que dejó un ataque con granadas de 2008 durante la celebración de la independencia.