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CIUDAD DE MEXICO (AP) — Funcionarios mexicanos comenzaron el lunes a exhumar los restos de más de 100 personas no identificadas que fueron enterradas por las autoridades en una fosa común en el estado de Morelos, en el centro del país, informó la procuraduría estatal.

Las exhumaciones comenzaron después del mediodía en la localidad de Las Cruces, en el municipio de Cuautla. Uniformados trabajaron debajo de carpas amarillas bajo las miradas de los familiares de personas desaparecidas y representantes de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Las prácticas irregularidades en el lugar salieron a la luz el año pasado, luego de que un juez le ordenó a la procuraduría estatal que exhumara un cuerpo y lo entregara a sus familiares. Entonces se dieron cuenta que tuvieron que excavar entre varios cuerpos dentro de bolsas de plástico que no contaban con ninguna documentación que los conectara con archivos de casos.

Se tomaran muestras genéticas a los cuerpos para intentar identificarlos, para luego ser enterrados en tumbas marcadas.

El procurador estatal Javier Pérez Durón dijo que ya se realiza la investigación sobre cómo fueron enterrados los restos sin identificar y que las autoridades irán tras los responsables.

“Es de suma importancia y de suma responsabilidad contar los cuerpos, darles una dignificación en la sepultura, hacer la toma de muestras, que es lo más importante, para ver si un familiar aquí presente o en otro estado o más allá de estas fronteras esté buscando a un familiar y que pueda estar aquí”, dijo Pérez Durón.

Morelos, al igual que los estados vecinos de Guerrero y de México, ha sufrido durante años de la violencia del narcotráfico y las desapariciones, lo que da esperanza a algunos familiares para finalmente encontrar a sus seres queridos.

El descubrimiento de la fosa, cavada por la fiscalía del estado de Morelos en marzo de 2014 en un panteón del poblado de Tetelcingo (a unos 100 km de la Ciudad de México), desató la indignación de organizaciones de familiares de desaparecidos e hizo que la fiscalía abriera una investigación sobre el caso y accediera a exhumar los cuerpos.

Llegados incluso desde estados vecinos como, los familiares se apostaron alrededor de los cordones de seguridad a más de 10 metros de la fosa y, a lo largo del día, pasaron de la satisfacción de ver que sus reclamos tuvieron su efecto a la frustración por no ver rescatado ni un sólo cadáver.

El inicio de la operación se retrasó más de seis horas y fue sumamente accidentado, lleno de desencuentros entre activistas y la fiscalía por la falta de visibilidad de la fosa (conformada por dos hoyos de unos 10 metros de profundidad) y el uso de una enorme excavadora que los familiares temían que lastimara los cadáveres.

“Esto es volver a empezar otra vez. La esperanza era ver que sacaran algunos (cuerpos) para empezar a hacer el estudio” genético, lamentó Antonio Sandoval, que quiere saber si ahí están los restos de su hermano Alfredo, desaparecido en Morelos en 2013.

La exhumación en este panteón rural del municipio de Cuautla, que podría durar una semana, la inició, pico en mano, el fiscal de Morelos, Javier Pérez, que aseguró que los cadáveres fueron enterrados en esta fosa “por cuestiones de salud pública”.

En noviembre, el fiscal dijo que los cuerpos se habían ido acumulando en las limitadas instalaciones de la fiscalía.

Aunque la dependencia tiene facultad para depositar los cadáveres en fosas comunes, debe contar con procesos legales, periciales, sanitarios y administrativos, y aún se investiga si se siguieron en este caso.

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