ABC/Randy Holmes) CLETO AND THE CLETONES

Es la primera de dos parte 

Hay cerca de cinco minutos antes del comienzo de la grabación del programa “The Jimmy Kimmel Live!”. Mientras el comediante Dan Barris divierte a la audiencia con un par de chistes no tan chistosos, la banda que ameniza el show, mejor conocidos como “Cleto y los Cletones”, llega al escenario de forma callada y se alistan.

Vestidos con trajes negros y grises, el grupo–compuesto por Jeff Babko en los teclados, el guitarrista Toshi Yanagi, Jimmy Earl en el bajo y Jonathan Dresel en la batería–es dirigido por un par de Cletos. Está Cleto Escobedo Jr., un tenor que toca el saxofón y cuya energía es desbordante a sus 71 años. El otro es Cleto Escobedo III, su hijo de 48 años. El también toca el saxofón y es el director musical del programa.

Los Escobedo han sido parte del programa de ABC desde que empezó en 2003. Actualmente trabajan cuatro noches a la semana (el show muestra repeticiones los Viernes). El programa revela pequeñas muestras del talento de la banda ya que, normalmente, solo se les escucha cuando salen y entran de comerciales, o si tocan en apoyo de algotro cantante que se presente en vivo.

Ambos han sobrellevado su propia odisea musical para alcanzar este punto, ninguno más que Escobedo Jr., quien dejó de tocar profesionalmente por 30 años antes que su hijo y Jimmy Kimmel lo regresaron al escenario a tiempo completo.

El padre dice que nunca ha sido más feliz.

“La oportunidad de tocar junto a mi hijo cada noche; me da escalofríos”, dijo Escobedo. “Si no fuera por él y Jimmy, no estaría tocando otra vez. Y ¿qué padre no quiere tocar junto a su hijo? Estoy bendecido”.

Vida Maravillosa

Si Escobedo no hubiera tocado frente a un público otra vez, podría evaluar una vida llena e increíble que empezó en San Antonio, Texas, donde nació, y donde su deseo de tocar música lo puso en contacto con famosos artistas.

El y su esposa Sylvia, que celebran 51 años de casados este mes, se habrían quedado jubilados en su casa de Las Vegas, viendo a su único hijo tocar en vivo en la televisión cada noche, y visitando Los Ángeles de vez en cuando para pasar tiempo con sus nietos.

Pero cuando se trata de músicos, siempre y cuando puedan respirar, pueden tocar. Así que Escobedo sigue en un apartamento de Los Ángeles cuando toca en el programa, y vuela de regreso a Las Vegas los fines de semana para estar con su esposa.

Cuando Escobedo logra mantenerse quieto por un momento–como está ahora, del otro lado del teléfono en su casa de Las Vegas–las historias empiezan a salir una tras otra.

Y qué historias.

En San Antonio, los padres de Escobedo, a Cleto Sr. y Victoria, les gustaba cantar y bailar en un club nocturno del barrio llamado Johnny’s Paradise. Una noche su padre lo levantó y lo llevó al club. “Me dijo ‘mijo, tienes que escuchar a este saxofonista'”, recuerda Escobedo. “‘El te puede hacer llorar’. Lo vi y me sentí muy bien. Empecé a tocar el saxofón en la escuela intermedia, un saxofón alto y color plata de $60”.

También le ayudó su tío Félix, quien tocaba la guitarra. “El no podía esperar hasta que yo pudiera tocar de oído. Lo primero que aprendí fue el himno de los Marines. Y él me ayudó a tocarlo como una polka. Todavía toca”, dijo Escobedo.

Escobedo también estaba creciendo en un tiempo, en los años 50s, cuando la música popo de Estados Unidos estaba experimentando profundos cambios artísticos y generacionales. el Rock-and-roll empezaba a fusionar sus influencias de música country, rhythm and blue, folk y gospel para sacar un sonido que dominaría la cultura juvenil. Los estilos estaban regionalizados; lo que se tocaba en Los Ángeles, Chicago y Nueva York no era necesariamente lo mismo que se tocaba en Texas. Pero ciertos aspectos de la música–la guitarra, el bajo, la batería y el saxofón–eran reconocidos en todos los rincones. Como lo era el ver a chicos practicando en la esquina con sus grupos.

Escobedo se dejó llevar por ese nuevo sonido, especialmente el que llamaban “Honkey Tonk” que hizo famoso nacionalmente Clifford Scott, un oriundo de San Antonio que tocaba el saxofón de tenor. La canción se volvió algo de rigor para las bandas de esa era. “Todos los saxofonistas (en San Antonio) tenían que tocar ‘Honky Tonk'”, dijo Escobedo. 

El practicaba y practicaba hasta que lo podía tocar dormido. Su maestría en esta canción lo llevó a unirse a un talentoso grupo local llamado “Dell Kings” como uno de los saxofonistas. El grupo luego saldría de San Antonio para llegar a Los Ángeles, y un par de años después a Las Vegas.

“Nuestra meta principal era llegar a Las Vegas. Teníamos una visión”, dijo él. “Practicábamos nuestras canciones y nuestra coreografía. Ahorramos $500, construimos nuestro propio tráiler para llevar nuestro equipo y nos fuimos en Abril de 1963 sin un trabajo fijo. Yo había recibido una beca para asistir a la Universidad St. Mary’s. Pero quería tener la oportunidad de ir a Las Vegas. Pensé que mis padres diría ‘no vas’, pero en cambio dijeron, ‘Midi, si de verdad sientes en tu corazón que quieres seguir esto, te damos nuestra bendición'”.

En Las Vegas, los Dell Kings cambiaron su nombre a “Los Blues” y consiguieron trabajo tocando siete días a la semana, primero en el Silver Dollar Saloon y luego en el Casbar Lounge en el Hotel Sahara, tocando canciones de Latin rock, soul, pop y para los programas de entretenimiento. Las horas en que se presentaban –3:30 a.m. y 4:45 a.m.–no eran las mejores. Pero estaban tocando en los últimos shows en Las Vegas, lo que significaba que otros artistas a menudo llegaban a verlos.

“Sammy Davis y Jackie Wilson se sentaban con nosotros”, dijo Escobedo. “Elvis estuvo una vez entre la audiencia. Alternábamos presentaciones con la Orquesta de Duke Ellington”.

Uno de los principales músicos de Ellington, Russell Procope, vio a Escobedo tocar su viejo saxofón durante un show y le preguntó si quería uno nuevo. 

“Yo le dije ‘claro’, pensé que estaba bromeando”, dijo Escobedo. “Pero unos meses después, estaba regresando a casa y Sylvia me dijo que había un paquete para mi en la estación de los autobuses Greyhound”.

Era un nuevo instrumento, cortesía de Procope.

Abandona la Carretera

Para 1971, Los Blues habían grabado un disco y empezaban a hacer giras fuera de Las Vegas. Pero Escobedo se dio cuenta que no quería estar ya más alejado de Sylvia y Cleto III.

“Al principio tenía miedo de acercarme a los chicos y decirles que quería dejarlo”, dijo Escobedo. “Luego un domingo, después de ir a la iglesia, leí en un periódico un artículo que hablaba sobre lo que piensa un hombre a la edad de 30 años. Una de esas cosas era la familia.

“Cuando llegamos a Colorado Springs, le dijo a los demás que quería parar. No sabía lo que quería hacer. Pero quería ver crecer a mi hijo”.

No tocaría el saxofón profesionalmente en un banda por 30 años.

Los demás miembros de la banda eventualmente se desintegraron y todos regresaron a San Antonio. Escobedo decidió quedarse en Las Vegas. Tomó un trabajo de “botones”  en el Caesars Palace y luego ascendió a camarero. Un día vió a Davis comprando un saco. Pasó por la tienda y lo saludó.

“Sammy me preguntó qué estaba haciendo”, dijo Escobedo. “Le dije que la banda se había desintegrado, y que era un camarero en el Caesars. Me dijo ‘Cleter’, voy a ayudarte”.

Escobedo se convirtió en un mayordomo detrás de los escenarios, ayudando a los artistas antes y después de sus presentaciones. Escobedo era tan bueno que otros artistas como Frank Sinatras y Don Rickles pedían sus servicios. Fue promovido a director de mayordomos para artistas e invitados de honor en las suites del hotel.

“Caesars fue el primer hotel en hacerlo…y tenías que ir a la escuela para aprender qué hacer”, dijo Escobedo. “Aprendías a saludar a los invitados, y hacerlos sentir tan cómodos que quisieran regresar. Desempacabas sus maletas, veías si querían una bebida, atendías lo que pidieran. Cualquier cosa”.

El y Davis tenían una conexión especial. “El era muy generoso”, recordó Escobedo. “Yo fui el primero en mi barrio en tener una máquina Betamax. El me la compró. El la compró porque se dio cuenta que cuando yo recibía propinas debía compartirlas con los demás. Así que me compró un Betamax, y como sólo Sammy podía decirlo, me dijo ‘Eso es para ti, babe'”.

Pero Davis no era el único artista que le mostró su aprecio. Cuando Sylvia, que trabajaba para una compañía local de teléfonos, fue diagnosticada con cáncer de mama en 2000, Escobedo dijo que el cantante Julio Iglesias le envió un ramo de flores que “era tan alto como ella”.

Escobedo todavía tocaba el saxofón ocasionalmente por pura diversión, a veces junto a las bandas donde tocaba su hijo. Aún cuando se le hacía difícil ver a los músicos tocando, la recompensa era poder mirar a su hijo y estar en casa con su esposa.

“Admito que lo echaba de menos. Pero no me arrepiento de las decisiones que tomé”, dijo.

La próxima semana: Cleto III se posiciona como un músico respetable y su llegada a “Jimmy Kimmel Live!”

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