Nati Cano

José Natividad “Nati” Cano fue enterrado esta semana en una ceremonia privada a la que asistieron sus familiares y amigos más cercanos. Se espera que también haya una ceremonia pública para recordar y honrar a un hombre que basó su vida en la tradición del Mariachi, un género que transformó y elevó al más alto nivel del mundo musical.

“¿Qué va a pasar cuando El Chief se nos vaya?”  En los últimos años, las conversaciones entre los elementos del Mariachi Los Camperos a menudo tenían que ver sobre la disminuida salud de nuestro líder y el futuro del grupo. Lo llamábamos “Chief” (Jefe), otros lo llamaban “Señor Cano”, pero la mayoría lo conocía simplemente como “Nati”. José Natividad, “Nati” Cano era un jóven músico ambicioso que dejó su natal Jalisco y encontró su camino a Los Angeles, la ciudad que se convertiría en su hogar permanente y donde perfeccionaría su visión por la música, herencia y la cultura que amaba. El viernes 3 de Octubre, de 2014, 53 años después de formar el grupo que llevaría su nombre, Nati Cano pasó a mejor vida, dejando un legado artístico, empresarial y de apoyo a nuevas generaciones que lo hicieron, sin lugar a dudas, en la figura más importante en la popularización de la música del mariachi en los Estados Unidos y convirtió al Mariachi Los Camperos de Nati Cano en uno de los grupos de mariachi más celebrados en el mundo.

La música del mariachi ha crecido gradualmente en popularidad en los Estados Unidos en las últimas décadas. Fanáticos mexicanos y no mexicanos han arropado al mariachi y han compartido su aprecio por esta música. Incontables jóvenes, mariachis amateur y profesionales existen ahora a través del país, especialmente en centro urbanos como Los Angeles, San Antonio y Tucson. Con la llegada de la conferencias de mariachi en los años 70s y 80s, la música del mariachi ha crecido en popularidad entre las generaciones más jóvenes y nacidas en los Estados Unidos. Hoy en día, este género musical es tema de estudio formal en institutos a través de los Estados Unidos, desde el kínder hasta el grado 12, y a nivel universitario. En 2012, hasta la UNESCO reconoció a la música de mariachi como un Legado Cultural Intangible de la Humanidad, reafirmando su lugar en el escenario mundial.

Nati Cano y su Mariachi Los Camperos fueron pioneros en este movimiento y fueron una fuerza principal detrás de la popularización del mariachi en los Estados Unidos. Desde 1961, Mariachi Los Camperos de Nati Cano se convirtieron en el mariachi de casa en “El Teatro Million Dollar” en Los Angeles donde acompañaron a numerosos artistas mexicanos como José Alfredo Jiménez, Lola Beltrán y Javier Solis. Poco tiempo después, Nati y su grupo se presentaban ante enormes audiencias desde la Isla Catalina hasta Las Vegas– innovando constantemente mientras se adherían a la forma tradicional de la música. En 1968, Nati abrió la muy popular “La Fonda de Los Camperos”, el primer restaurante con show de cena y mariachi de su tipo.  

La raíz del genio musical de Nati era su énfasis en la tradición, su gusto impecable y su simpleza noble. Para Nati, no se trataba de cuán rápido o cuántas notas uno tocaba, sino cuán bien las tocaba. No se trataba de mostrar su habilidad técnica o entrar en arreglos demasiado elaborados, se trataba de tocar el alma de la gente en sus apasionadas presentaciones. Nati decía a menudo,  “Yo no toco para mí, yo toco para la gente”.  El históricamente seleccionó a algunos de los más venerados instrumentalistas y vocalistas en la industria para unirse a Los Camperos –músicos que él consideraba eran los más capaces de alcanzar su visión estética y artística. Su atención a los detalles no tenía paralelo y era un maestro en componer tonadas que sacaban lo mejor de sus músicos. El creía que la sofisticación e innovación musical no debería llegar a expensas de la tradición y el buen gusto. El encontraba su inspiración en el pasado y quería la esencia de ese inconfundible sonido de Los Camperos que tiene su raíz en la tradición mexicana. Al describir el estilo de Los Camperos, él simplemente decía “energía, pasión, y corazón”.  

Más allá de “Chief”, Nati era un hombre privado que separaba los negocios de su vida personal. Había pocas ocasiones donde las dos convergían y solo nos invitó a su casa en contadas ocasiones. Sin embargo, amaba hablar de sus hijas, Alejandra y Natalia, y sacaba fotos de ella de su cartera para mostrarnos su gran orgullo por ellas. “Son mi vida”, decía. También estaba Nati el amigo, que disfrutaba pasando tiempo al lado de sus amistades. El comentaba sobre cómo le gustaba la camaradería y disfrutaba interactuar “fuera de horas” como amigos, como chicos de escuela. A menudo relataba su filosofía de la vida a través de historias y metáforas mientras bebía una copa de vino. Tenían un gran sentido del humor y siempre estaba haciendo travesuras, hablando en doble sentido, y a menudo haciendo sonrojar a la audiencia. “Me gusta tu guayabera, Sergio. ¿Dónde me puedo comprar una?” Después de agradecerle por el cumplido, le dije donde la había comprado y continuó, “¿Y también hacen para hombres?”. Como amigo se sentía lo suficientemente cómodo preguntándote si podía tener el primer sorbo de tu café o si podía usar tu cuchara para comer de tu plato. Los Camperos eran su vida y realmente disfrutaba su tiempo con nosotros y lo demostraba a través de la generosidad. Nati prefería invertir su dinero en experiencias memorables que en posesiones materiales. 

En Marzo de 2012, Los Camperos estaban preparándose para un concierto en Santa Barbara cuando Nati, luego de meses de silencio durante su recuperación de cirugía del colon, pidió que nos reuniéramos en privado con él en un hotel de Goleta. Dijo que simplemente quería saludarnos y cuando llegamos estaba claro que tenía algo diferente en mente. Cuando entramos al cuarto encontramos a Nati sentado en la esquina con decenas de placas, reconocimientos y premios esparcidos a través del cuarto. Dijo que eran todos los premios que habíamos ganado con él y quería dárnoslos. Estaba claro que estaba ahí para decir adiós. Le habían dado seis meses de vida. 

“Hasta con La Calaca es usted terco!”, chistamos con él dos años después. Era un hombre orgulloso y no quería la lástima de nadie; nunca perdió su pasión por la vida porque encontraba la vida en el escenario con los Camperos. “Usted se quiere morir en el escenario”, le decíamos ante su insistencia por seguir trabajando. A pesar de la fuerte enfermedad que enfrentaba, anduvo en gira con nosotros hasta el final. La primavera pasada viajamos por aire y tierra desde Illinois, a Wisconsin, a Arkansas, y Dallas, y Nati viajó junto a mi por gran parte del camino mientras yo manejaba la camioneta de carga con todo nuestro equipaje e instrumentos. El habló sobre su vida, su legado, y sobre las contribuciones que esperaba dejar para los futuros músicos de mariachi. El 5 de Mayo de 2014 nos presentamos en Irving, Texas y Nati se comportó como de costumbre — con energía, comicidad y carisma. La audiencia nunca habría pensado que estaba en su últimos días de vida. Fue la última vez que Nati estuvo en el escenario con nosotros.

La meta de Nati Cano en la vida era elevar la música de mariachi a una forma de arte que fuera respetada por las audiencias de todo el mundo. Un romántico y un idealista, el sueño de Nati era conquistar las salas de concierto y centros de arte a través de los Estados Unidos y el mundo. En su incansable cruzada, él buscaba la excelencia musical y se comprometía fervientemente a la preservación de las tradiciones culturales mexicanas. Su visión de la música del mariachi a veces parecía irracional e inalcanzable, especialmente para sus músicos que tenían que sacrificar mucho y aguantar sus órdenes, que a veces parecían casi militares. Como un soldado a quien le desagradan las interminables órdenes de un sargento, y quien desesperadamente lo necesita en el campo de batalla, desarrollamos una relación de amor y odio con Nati. El era nuestra escuela y lo apreciábamos, los respetábamos, y sobre todo, creíamos y continuamos creyendo en su visión.

Y él deja un legado de apoyo. Su compromiso con la educación y la preservación de la música de mariachi entre las nuevas generaciones ha impactado a miles de jóvenes estudiantes a través de los Estados Unidos. Su participación en las conferencias de mariachi, especialmente en la Conferencia Internacional de Mariachi en Tucson ha influenciado directamente a miles de estudiantes que se han presentado con y aprendido de los Camperos en esos eventos.  Como profesor en el prestigioso Departamento de Etnomusicología de UCLA y fundador del programa reconocido a nivel nacional de arte y educación, el Programa de Aprendices de Maestros Mariachi de la Ciudad de San Fernando, Nati mostró su profunda dedicación a los niños y a su arte.

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