M. Terry / SFVS

Animan a los atletas – (De izq. a der.) Marie Lambert y Adelle Ahearn; Lynn y Ronnie Townsend; Makenzie Fish y Robin Hilgenberg; Cherisa Tolbert y Ordray Smith.

Los Juegos Mundiales de las Olimpiadas Especiales 2015 se han tomado Los Angeles y otras comunidades de los alrededores esta semana, con cerca de 7,000 atletas de todo el planeta en competencia. Pero, claro que hay otras cosas aparte de las competencias atléticas.

Las Olimpiadas Especiales también le han mostrado al público en general sobre la importancia de la palabra “R”– respeto. Además, han mostrado la importancia de la palabra “I” — “inclusión”.

Todo esto se mostró durante los partidos de futbol que se realizaron en el Balboa Sports Center de Encino este martes 28 de Julio.

Los equipos estaban divididos en dos categorías: tradicionales y unificados. La competencia de 7 contra 7 incluía tanto hombres como mujeres. Cuatro de los siete eran atletas especiales; los otros tres no. Tenían todos los tamaños y estaban jugando en temperaturas de 90 grados.

El equipo de Estados Unidos que jugaba contra Luxemburgo estaba compuesto primordialmente por residentes de Florida provenientes de la secundaria Land O’Lakes. A pesar de sus discapacidades — de todo tipo — daban lo mejor de sí mientras los espectadores los animaban con cánticos de “U-S-A”.

Nadie estaba viendo a gente con discapacidades. Todos admiraban un partido de futbol.

Cómo el Deporte Cambia la Vida

Adelle Ahearn de Tampa, FL, estuvo entre los espectadores. Su hijo Andrew era parte del equipo de Estados Unidos. Este era una bienvenida a casa. Andrew, de 18 años, el menor de sus tres hijos, nació en Burbank antes de que la familia se mudara a Tampa. Empezó a jugar futbol en la escuela intermedia, dijo Ahearn. Y la oportunidad de practicar un deporte transformó la vida de Andrew.

“El beneficio social fue increíble”, dijo Ahearn. “El ha podido interactuar con otros compañeros que no tienen los mismos desafíos. Solo se vuelven una familia y cuidan unos de los otros. Y para él, la confianza en sí mismo que necesitaba para ser como los demás. Es maravilloso ver el nivel de confianza que ha desarrollado en los últimos años”.

Luego se quejó en unísono con los espectadores. Andrew perdió un cabezazo, que le habría dado a Estados Unidos su primer gol.

Cherisa Tolbert, también de Tampa, vio la misma transformación en su hijo Ordray Smith, de 16 años, el portero de EEUU. Ella dijo que cuando nació Smith — el menor de sus cuatro hijos — los doctores le dijeron que no hablaría y que tendría poco funcionamiento. Al principio, esas palabras se cumplieron.

“Dray no hacía nada”, dijo. “No quería salir, no quería socializar con nadie. Solo quería estar solo, subir árboles, meditar. Ahora Dray está por todos lados; Dray tiene amigos. Cuando fue a la secundaria, encontró a otros chicos como él. Hicieron amistad.

“Desde que Dray empezó a practicar deportes, lo hace todo (football, basquetbol, atletismo, etc). Al principio tuve miedo. Tiene dos otros hermanos en la escuela con él, pero me daba miedo porque siempre fue el más pequeño, el que nadie pensó que haría algo”.

Cómo Contribuyen los Demás

El poder y entendimiento de la inclusión ha hecho un gran impacto en los otro jugadores que no son atletas especiales.

Kyle Townsend, de 18 años, era uno de los tres Unified Partners en la cancha que jugaba para EEUU. Sus padres, Lynn y Ronnie Townsend, veían a sus hijo desde las graderías mostrando un gran orgullo mientras el chico ayudaba a sus compañeros de equipo a defender en contra del equipo de Luxemburgo. Los dos trabajadores sociales que viven con su hijo en Land O’ Lakes, Florida, habían tratado de inculcar en él la aceptación a los demás desde que era un niño, y estaban muy satisfechos de que Kyle dijo que quería ser parte de los programas de las Olimpiadas Especiales.

“Para él ha sido una experiencia de aprendizaje incluir a todos en su círculo”, dijo Lynn. “Al mismo tiempo, el tiene sus propios retos por su tamaño. Así que ve a otras personas de manera diferente, también. Es alto y delgado. Así que imagino que muchas gentes se han burlado de él por ser delgado. Así que ve la inclusión desde esa perspectiva, creo.”

“A él le gusta trabajar con los otros atletas. Los ha visto crecer, lo que le ha ayudado a crecer a él también y a madurar. Le gusta ayudarlos a desarrollar sus habilidades”.

Y agregó Ronnie, “El ha sobrellevado algunos desafíos que ha tenido. Tiene un verdadero temor a volar. Pero al viajar con el equipo — el fue a las sesiones de entrenamiento en Indianapolis — tuvo que volar porque quería estar con los chicos. Así que se retó a sí mismo. Y sobrellevó esos desafíos al estar involucrado con las Olimpiadas Especiales”.

Robin Hilgenberg, un maestro de educación especial de Lank O’ Lakes, intentó inculcar esos mismos valores en sus hijos Craig y Cameron. Dijo que ambos absorbieron el mensaje. Cameron, de 19 años, fue parte del equipo de Estados unidos mientras Robin, Craig y la novia de Cameron — Makenzie Fish– animaban cada movimiento.

“Realmente he visto (lo que significa la inclusión) con este equipo en particular”, dijo Robin Hilgenberg. Y mucho de esto tiene que ver con el entrenador. Ella es una maestra de Educación Física adaptiva. Trata a todos los chicos por igual. Y ellos responden a estas expectativas.

“Todo el mundo necesita saber que todos tienen sentimientos. Todo el mundo debe ser tratado como un ser humano. Y creo que con estos juegos, realmente une al mundo. Sé que es cliché, pero todo el mundo aquí, ya sea que hables inglés o no, es amigable, te saluda al menos con la cabeza, porque todos estamos juntos en esto”.

Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *