A. Garcia / El Sol

Por mucho tiempo, Sky Corona tuvo que usar las computadoras en Los Angeles Valley College para hacer sus trabajos escolares.

A veces tenía que escribir sus ensayos parcialmente en su teléfono y luego se los enviaba por correo electrónico a sí misma, para poderlos imprimir luego en la escuela.

Pero eso no siempre funcionaba.

“Hay muchas computadoras en la escuela, pero a veces tenía que esperar a que se desocupara una o si estaba usando una computadora por demasiado tiempo y había gente esperando, me sentía mal por quedarme ahí mucho tiempo”, dijo la residente de Van Nuys de 23 años.

Corona no tenía una computadora en casa.

Para la mayoría de adultos jóvenes, tener una es como tener un par de zapatos, especialmente con el precio de las computadoras portátiles hoy en día.

Pero para los jóvenes que crecen en el sistema de hogares de crianza, ese no siempre es el caso. Los estudios muestran que menos del 20 por ciento tienen una computadora, comparado con el 90 por ciento de todos los adultos jóvenes en Estados Unidos.

Corona, quien trabaja tiempo completo y asiste al colegio Valley College tiempo completo también, es una de estas jóvenes adultas que se crió en hogares de crianza.

Ella creció en el Condado de Orange y no ha vivido con su madre por gran parte de su vida.

“La primera vez fue cuando tenía 3 años y fue constantemente hasta los 18”, dijo ella.

“Mi mamá era una madre soltera y tenía algunos problemas donde no estaba bien, y a veces era abusiva”, dijo Corona.

“Ella no podía criarme y pasé por varias casas de crianza”, agregó Corona.

“Las cosas en el Condado de Los Angeles eran horribles; después pasé al Condado de Orange, que era un poco mejor”, explicó.

A los 16 años una trabajadora social le ayudó a encontrar a su padre y ella fue a vivir con él en el último año de la secundaria.

Pero las cosas no funcionaron y después de graduarse de la secundaria, se mudó al Condado de Orange y empezó a trabajar y vivir con amigas.

Hoy en día tiene un apartamento propio y está saliendo adelante por su cuenta.

FINALMENTE TIENE UNA COMPUTADORA

Ahora asiste a Los Angeles Valley College e intenta terminar sus clases básicas antes de transferirse a California State University Northridge (CSUN) o a USC para estudiar mercadeo y negocios.

Pero el problema de una computadora siempre estuvo ahí.

Y con poco dinero, no hay muchos lujos.

Corona también es parte del programa Guardian Scholar, que ofrece asistencia a jóvenes de casas de crianza que estudian en el colegio.

Fue así como supo de iFoster y Foster Care Counts, dos agencias no lucrativas que proveen computadoras portátiles gratuitas a jóvenes en el sistema de casas de crianza.

En la escuela les informaron que podían solicitar una de estas computadoras. Ella llenó la solicitud y escribió un mensaje sobre su experiencia al crecer en casas del sistema de crianza.

“Presenté todas mis cosas y no escuché de ellos por varios meses”, relató Corona. “Pensé que no me habían escogido, pero después me llamaron y me dijeron que sí y me emocioné mucho”.

Winnie Wechsler, directora ejecutiva de Foster Care Counts/the Pritzker Foster Care Initiative, la organización que provee fondos para el programa de computadoras portátiles, dice que el problema de computadoras es uno esencial para el éxito universitario y era uno que aparecía una y otra vez en las cosas que mencionaban los jóvenes adultos de casas de crianza.

“Tienes que tener una computadora portátil. Tener éxito en la universidad es virtualmente imposible sin una”, indicó.

Cada computadora portátil cuesta $225 y viene equipada con los programas Microsoft Office, así como asistencia técnica gratuita.

Sólo en Los Angeles, más de 1,800 computadoras portátiles han sido entregadas a jóvenes de crianza de entre 18-26 años en los últimos cuatro años.

“Esta es una necesidad básica. No tienes ni que pensar en el valor que esto provee”, dijo Wechsler.

Jeremy Goldbach de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Sur de California realizó una encuesta entre 730 jóvenes de casas de crianza por más de un año a quienes iFoster proveyó computadoras portátiles y encontró que no sólo mejoraron sus calificaciones y asistencia, sino su autoestima y nivel de satisfacción, mientras que su depresión se redujo precipitadamente. Los jóvenes que recibieron las computadoras reportaron tener relaciones de mejor calidad con sus familias biológicas, mejores sentimientos de conectividad social y una visión de la vida más positiva.

“No es solo una ayuda emocional, sino que también impacta su desempeño académico y conexión social también”, dijo Wechsler. “Es más que una computadora. Se trata de conectar a la gente y crear relaciones”.

Corona es prueba de eso. Como cualquier joven adulto en la actualidad, Facebook y otras redes sociales es su línea de conexión con sus amigos y familiares.

“Puedo entrar a Facebook y mi mamá y yo podemos enviarnos correos electrónicos. Ahora que tengo una computadora portátil hace más fácil mantenerme en contacto con mi mamá”, dijo de la relación que mantiene con su madre.

La computadora es pequeña y la carga con ella en su mochila.

Puede ir a la biblioteca de la escuela y conectarse a al WiFi. O puede escribir sus ensayos ahí.

“Antes, las cosas eran más difíciles y más tardadas. Ahora son mejores. La computadora portátil ha sido increíble. Me ha ayudado mucho con mi escuela”, indica Corona.

Para más información sobre iFoster y Foster Care Counts, o para donar dinero a esta causa, simplemente visite www.ifoster.org and fostercarecounts.org.

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