Shock, tristeza, lucha y esperanza se mezclan en Lorena Zepeda.

Desilusión porque el lunes 8 de Enero, el Gobierno de Estados Unidos anunció lo que ella y casi 200,000 otros salvadoreños temían, el fin después de 17 años del programa de Estatus de Protección Temporal (TPS) que los protegió de la deportación y les otorgó un permiso de trabajo.

“Se siente triste. Era algo que veníamos venir por lo que pasó con los hondureños y los haitianos (recibieron una prórroga de seis meses y a los otros también les cancelaron el beneficio, respectivamente)”, dijo la mujer de 50 años de edad. “Me siento bendecida. Dentro de lo que cabe recibimos más tiempo para luchar por una reforma migratoria”.

Los salvadoreños recibirán otros 18 meses de estancia en el país; su TPS expira en Septiembre 2019. Ellos recibieron el beneficio después de dos poderosos terremotos con un mes de diferencia en Enero y Febrero de 2001 que causaron enormes daños en todo el pequeño país.

“Yo tengo esperanza”, dijo Zepeda en referencia a conseguir algo que les permita quedarse en el país que se ha convertido en el suyo.

Ha vivido en Estados Unidos durante 26 años, tiempo durante el cual no ha puesto un pie en su país. Y no tiene planes de regresar, en parte debido a la desenfrenada violencia en El Salvador.

En 2015 hubo 6,650 homicidios en el país centroamericano donde las pandillas gobiernan muchas colonias donde imponen su voluntad. Las tasas de homicidios disminuyeron en 2016 en El Salvador, pero permanecen entre las más altas del mundo.

En una encuesta llevada a cabo por la organización humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) en México que se publicó el año pasado, el 55 por ciento de los refugiados y migrantes salvadoreños denunciaron ser víctimas de chantaje o extorsión, 56 por ciento tenía un pariente que murió debido a la violencia, y el 67 por ciento dijo que nunca se sentía seguro en su nación.

Zepeda insiste en que no quiere exponer a sus dos hijos nacidos en Estados Unidos –

Benjamín de 14 años y Lizeth, de 12 años de edad – a esto. Los chicos nunca han visitado su tierra natal.

“Si fuera solamente yo, quizá, pero los tengo a ellos”, dijo Zepeda.

Así que está luchando. Ella y otros beneficiarios de TPS visitarán Washington D.C. el próximo mes para tratar de reunirse con congresistas y abogar por una solución.

Por ahora, ella sigue esperanza en que habrá una solución.

“Estamos confiados en Dios que él va abrir puentes y corazones”, dijo.

Es la misma esperanza que comparte Verónica Lagunas, otra salvadoreña que ha vivido en el país durante 17 años, donde ha procreado a dos niños: Alexandre de 13 años y Lydia Angie, de 8 años de edad.

“Pensé que estaba preparada para recibir las noticias, pero cuando la escuché, fue una emoción tan fea que se me hizo un nudo en la garganta y todos empezamos a llorar”, dijo la residente de Sylmar quien trabaja como conserje.

“Sentí una gran desesperación. Todo lo que quería era irme a la casa y estar con mis hijos. Esto es un impacto para ellos”, dijo la mujer de 39 años de edad.

Lagunas dice que su hijo le pregunta ¿qué va a pasar?

“Está muy triste. Me pregunta si van a venir a buscarme y deportarme”, agregó.

Y el chico siente un conflicto interno. El asiste a una academia militar y quiere ser un Marine cuando crezca.

“Pero él dice, si yo quiero servir a mi país, ¿cómo puedo hacer el bien a los Estados Unidos cuando el país no quiere a mi madre”, dice Lagunas. “Sé que le afecta”.

Y al igual que Zepeda, Lagunas no planea volver a El Salvador, un país al que nunca ha regresado en todos estos años.

“Si vuelvo, no va a haber ningún trabajo para mí allá”, dijo, añadiendo que no puede exponer a sus hijos a la violencia que vive su patria.

Mientras ella lucha por un proyecto de ley que le de a los beneficiarios de TPS una legalización permanente, también está planeando para el futuro.

Primero, está ahorrando y si llega Septiembre de 2019 y no hay solución, “lo primero que haría es esconderme, cambiar mi dirección, pero el gobierno tiene mis huellas y no sería difícil para mí conseguir un trabajo”, dice.

Mudarse a otro estado no es una opción.

“¿Cómo puedo mudarme a otro estado cuando California es un estado santuario? No vamos a tener la misma protección”, dice.

Pero ella ha pensado en mudarse a Canadá, especialmente porque sería más fácil para sus hijos.

Aunque sigue concentrada en quedarse aquí.

“Los Estados Unidos son el país de mis hijos y ellos tienen derecho a permanecer aquí”, dice Lagunas.

Por ahora no se esconde y alienta a otros beneficiarios de TPS a ser visibles también.

“Sé que tenemos miedo. Separarnos de nuestros hijos sería lo peor que podría pasar. Pero tenemos que ser valientes y contar nuestras historias. Si la gente no sabe cómo nos sentimos, van a pensar que estamos bien”, dice. “Ellos serán los culpables si no pelean, si no hacen algo”.

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