F. Castro / El Sol

Emerita Lomeli tiene una fotografía grande de un Día de las Madres de hace un par de años mostrándola como la matriarca de cuatro generaciones, todos vestidos de blanco. 

Están los 28 nietos y dos bisnietos, así como los cinco hijos y una hija a los que dio a luz. También entre la multitud de rostros latinos se encuentra una joven que no nació de sus entrañas, pero a quien Lomeli ama igual que el resto de su descendencia.

Es Brittany McCutcheon, una mujer de 25 años que llegó a la casa de la residente de Reseda hace casi dos décadas y nunca se fue. 

En aquel entonces, Lomeli, ahora de 73 años, acababa de comenzar su vida como madre de crianza y Brittany era una niña de 7 años que había sido removida de la custodia de su madre debido a los problemas que ella tenía. La chica no hablaba español y Lomeli no hablaba un inglés perfecto, pero el lazo que creció entre ellas es tan fuerte como si fuera un cordón umbilical.

“Ella es mi mamá. La persona que me crió”, dice Brittany, en una entrevista telefónica. “(Ellos) Sólo hablaban español y yo no hablaba, pero nos ayudamos mutuamente”.

“Los considero mis padres. Son la razón por la que soy lo que soy”, continúa Brittany. 

Antes de colgar, Lomeli le recuerda acerca de la reunión familiar que tendrán este domingo 12 de mayo, cuando se reunirán en un parque cercano para celebrar el Día de la Madre. “¿Vas a venir mija?,” pregunta Lomeli en español. “Sí mama”, responde Brittany – que habla español perfecto antes de que ambas digan adiós con un “Te amo”.

El amor es lo que Lomeli ha dado por igual a los 43 niñas de crianza que han pasado por su casa durante los últimos 18 años; algunas se han quedado tan poco como un mes, otras – como en el caso de Brittany – varios años.

Ahora jubilada de su trabajo como cosmetóloga, Lomeli continúa cuidando a las niñas que necesitan una figura maternal; actualmente tiene seis adolescentes que van desde los 12 hasta los 18 años.

Lomeli, originaria de Jalisco, México, dice que nunca pensó en convertirse en una madre de crianza. Fue su hijo Monico quien primero se convirtió en padre de crianza. El vive en la misma cuadra y Lomeli y su esposo, Ramón, cuidaban de los niños cuando Monico y su esposa Cora necesitaban un respiro.

Monico y Cora más tarde adoptaron tres niños, uno de ellos con Síndrome de Down. Otro de sus hijos, Cesar y su esposa Jessica, también se han convertido en padres de crianza.

Fue Monico quien le sugirió a Lomeli debía obtener los permisos para convertirse en una madre de crianza. Ella lo hizo.

Los primeros niños que recibió fueron una niña de 1 1/2 años y un niño de 6 años, ambos hermano y hermana afroamericanos. Estuvieron con ella ocho meses. 

Incluso después de que regresaron con su madre, ésta los llevaba a la casa de Lomeli. 

“El niño iba y se acostaba donde dormía y no quería irse”, recuerda Lomeli. “Nos daba gusto de que se sintiera feliz de la vez que estuvo aquí”.

 La hija menor de Lomeli, Lisette, tenía 16 años de edad cuando los niños de crianza empezaron a venir a esta espaciosa casa. Y Lomeli dice que ha tratado a todos ellos igual que a sus propios hijos.

Todas reciben las mismas reglas: hacer su cama antes de ir a la escuela, ir a la escuela, limpiar la bañera después de tomar una ducha y limpiar su habitación cada semana.

“Hago lo mismo (con los niños de crianza) como lo hice con mis hijos. No hago distinciones”, dice Lomeli.

Añade que casi nunca ha tenido problemas; sólo recuerda a una chica reciente que huyó cinco veces en el mes que estuvo con ella. La chica era de San Pedro y nunca se acostumbró a las reglas o estar lejos de esa zona.

Pero aparte de eso, Lomeli dice “no me resulta difícil”.

Ella admite que a veces la saludan en las calles jóvenes que recuerdan haber pasado por su casa, a quien ya no reconoce. Pero el hecho de que la recuerden habla bien de su dedicación.

Lomeli se asegura de que todos los niños en su cuidado asistan a sus citas médicas y dentales, psiquiátricos y cualquier otro tipo de citas que puedan tener; una incluso se convirtió en  residente de los Estados Unidos mientras estaba bajo su cuidado. Ella también asiste a las reuniones de padres en la escuela y le dedica a cada una de ellas tiempo y consejo, cualquiera que sea el tema.

“La comunicación es primordial”, dice.

Así como el cuidado y amor que probé a las niñas, ella también siente que la llenan de alegría.

“Me siento con gusto haciendo esto, de verlas llegar a ser exitosas, convertirse en alguien, superar obstáculos, ir a la Universidad y conseguir una profesión”, dice Lomeli.

Hace poco, otra jovencita que ahora está en una Universidad fuera del estado la llamó buscando consejo en cuanto a si debía continuar su educación. “Eres joven, estudia todo lo que puedas”, fue su recomendación.

Ella dice que se siente más joven debido a ellas y siente que su hogar se llena con amor.

“Son todas mis hijas, nada más y nada menos. Me siento como su madre”, dice.

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