He sido un fanático de los Dodgers desde 1955. Mis amigos y yo estábamos muy entusiasmados cuando los Dodgers anunciaron que se mudaban y jugarían la temporada de 1958 en Los Angeles. Mi padre me llevó a verlos jugar en el Coliseo y ví a Duke Snider pegar un home run.

Pero hubo un lado oscuro de la mudanza de los Dodgers a Los Angeles que no entendí hasta un año después. El 9 de Mayo de 1959 ví en la televisión el horror de los agentes del sheriff arrastrando a Manuel y Abrana Arechiga y sus hija Aurora fuera de su casa. Esa imagen en blanco y negro quedó grabada en mi memoria. Como parte del acuerdo para traer los Dodgers a Los Angeles, se les ofrecieron varios terrenos. El presidente de los Dodgers, Walter O’Malley había visto Chavez Ravine desde el aire y decidió que quería construir su estadio allí.

He aquí un poco de historia sobre Chavez Ravine. En 1951 fue designado para ser desarrollado, y recibir fondos federal para construir vivienda pública. La Autoridad de Vivienda de Los Angeles empezó a adquirir terrenos en Chavez Ravine, ya sea a través de compras voluntarias y el dominio inminente. La Ciudad adquirió casi todos los terrenos de Chavez Ravine y arrasó casi la comunidad entera entre 1952  y 1953. Otros vecindarios chicanos sufrieron el mismo destino. Las autopista San Bernardino, Pomona y Long Beach, todas corren a través del Este de Los Angeles, rompiendo vecindarios históricos. Críticos sociales de ese tiempo han argumentado que los esfuerzos de renovación urbana en los años 50s bajo la Ley Nacional de Vivienda a menudo incluyó elementos significativos y dominantes de opresión racial y étnica, a veces reflejado en la mudanza forzada de dueños de propiedad de minorías en áreas “renovadas”.

Yo conocía lo que signficaba la palabra dominio eminente porque cuando construyeron la autopista Pomona a través de Boyle Heights y el Este de Los Angeles porque forzó a mi tía, tío y primeros a mudarse de se casa en Boyle Heights y a todos mis amigos de Hoyo Mara. Después de todo, ellos eran mexicanos pobres. Hay una razón por la que no hay autopistas que pasen por Beverly Hills.

Los desalojos en Chavez Ravine fueron para mí, y para muchos Chicanos que crecieron en Los Angeles durante los años 50s, la primera roca que generó la avalancha que nueve años después se convertiría en el Movimiento Chicano. Fue una de las razones para organizarse y levantar conciencias durante los años 60s y 70s. 

En los años 70s fui parte del primer grupo de Latinos que penetraron en los medios de comunicación. Trabajé en la radio como reportero y luego como productor de documentales en televisión. Durante ese tiempo conocí a Frank Del Olmo, que entonces era un reportero para Los Angeles Times. Viví por 10 años en la calle Innes, a poca distancia del estadio de los Dodgers. Mientras llegábamos al estacionamiento, le dije a Frank “Nunca estuve cómodo viniendo aquí”. El se voltió hacia mi y me dijo “¿Por lo de Chavez Ravine? El entendía.

Sigo siendo un aficionado de los Dodgers. Los apoyé cuando arrasaron con los Yankees en la Serie Mundial de  1963 y cuando derrotaron a los Minnesota Twins en 1965. No fui a ver a los Beatles en 1966 porque se presentaron en el estadio de los Dodgers. Los vi en el Hollywood en 1965. Por 15 años rehusé poner un pie en el estadio de los Dodgers, ya que la imagen de los Arechiga siendo sacados de sus casas todavía estaba impregnada en mi mente. Finalmente en el otoño de 1977, uno de mis amigos me llevó, casi arrastrado ahí. Mi boicot terminó. He regresado muchas veces desde entonces, pero nunca me he sentido cómodo. Para mi, a pesar de toda su belleza, el estadio de los Dodgers todavía representa un poco de fealdad.