Gabriel Fernandez

Esta semana se les presentaron cargos formales a Pearl Fernández y su novio Isauro Aguirre por los cargos de tortura y abuso de Gabriel Fernández de 8 años. Fernández, de 30 años, y Aguirre, de 34, están en la cárcel a la espera de un juicio por asesinato y una circunstancia especial de tortura. Ambos se han declarado no culpables.

Con la instrucción de cargos también se dio a conocer un reporte de un gran jurado que provee un testimonio muy gráfico dado por las autoridades que primero llegaron al auxilio del menor, así como de los hermanos de Gabriel que describieron las horas de horror y tortura que vivió el pequeño.

Estos detalles son del abuso sufrido durante los ocho meses que Gabriel vivió con su madre y el novio de esta, hasta los últimos momentos de su vida. El reporte indica que Gabriel fue rociado con gas pimienta, encerrado en un closet con un calcetín metido en su boca para callar sus gritos, pateado hasta perder el conocimiento, golpeado con un bate de béisbol, forzado a comer heces de gato y su propio vomito, si vomitaba.

Los familiares del menor encuentran difícil escuchar estos recuentos del abuso sufrido por el menor.

“Me siento triste porque Gabriel habría tenido 9 años y habría estado empezando el cuarto grado esta semana, al igual que mi propio hijo”, dijo Emily Carranza, prima de Gabriel.

Carranza recibió el reporte esta semana.

“No puedo leerlo sin llorar e imaginarme el terror que pasó. No puedo entender cómo alguien puede amordazar a un niño para callar sus gritos. Quizá por eso los vecinos no podían escucharlo porque tenía el calcetín en la boca”, dijo ella. “Me impactó…los nuevos detalles del encierro en el closet y amarrarlo y ponerle un calcetín en la boca. Encontraron sus ropas llenas de sangre y con un montón de balines, un bate lleno de sangre que usaron para golpear sus dientes”.

El reporte de 800 páginas contenía fotografías e incluía los detalles crueles e inimaginables del abuso y lo que un agente policial describió como más tortura de la infringida a un prisionero de guerra. Al niño no se le permitía  salir del closet para ir al baño y fue forzado a limpiar todo luego. No sorprende que Gabriel haya tenido pensamientos de suicidio que alarmaron a sus maestros, dijeron sus familiares.

Todos concuerdan en que el principal motivador para que Pearl Fernández le quitara a Gabriel a sus abuelos, que tenían su custodia, era el dinero.

“Ella nos dijo que tenía que tenerlo para que pudiera agarrar más dinero del welfare”, dijo un amigo de la familia que pidió al San Fernando Valley Sun/El Sol no ser identificado.

“El habría estado bien, de haber estado con ellos (sus abuelos), pero ella lo tomó.

“Desafortunadamente, el papeleo de la custodia no se hizo correctamente y los abuelos no tenían base legal para forzarla a que les regresara al niño, aunque ellos lo habían criado”.

“Ella nunca quiso a Gabriel, por eso es que lo tenían sus abuelos. Ella odiaba a Gabriel”, confirmó Carranza. Por qué odiaba al hijo menor es algo que no está claro para la familia. Todos concuerdan en que la madre del chico siempre había estado “fuera de control” y “le faltaba el respeto a todo el mundo”.

“Nunca tuvo amigas, solo novios”, dijeron.

Carranza empezó una página de Facebook llamada “Gabriel’s Justice” y dice que escucha de muchas otras personas que están frustradas con el sistema de crianza de niños.

“Respeto a la maestra, ella intentó conseguir ayuda para Gabriel y la escuela, en un momento, llamó al 9-1-1”, pero, como indica Carranza, otros fallaron al no tomar esos reportes seriamente. Ella dijo que hasta el Departamento del Sheriff pidió a Gabriel que dejara de contar historias o se lo llevarían a la cárcel.

“Todavía no estoy contenta con la última trabajadora social en el caso de Gabriel que describió su labio hinchado como nada más que una ampolla. Las primeras personas que llegaron a su auxilio esa noche y vieron su piel quemada y llena de cicatrices de balines, por qué la trabajador social no podía ver lo que estaba enfrente de ella?”, expresó.

“Tuvo que haber más señales físicas y ella pudo haber visto bajo su camisa y hablar con él fuera del alcance de su abusador. Ella habría obtenido las respuestas”.

Pero demasiadas personas simplemente vieron hacia otro lado, cree Carranza.

“¿Realmente le importaba? La trabajadora social en el reporte simplemente quería simpatía y que había perdido su trabajo y estaba perdiendo su casa. Estoy contenta que perdió su empleo y estoy molesta porque ella tuvo la oportunidad de salvar a Gabriel, este niño pequeño y no lo hizo”, dijo Carranza.

“La escuela llamó a las autoridades y todo el mundo hizo su parte, excepto por la policía y la trabajadora social”, agregó.

Carranza dijo que planea asistir al juicio contra Fernández y Aguirre, el cual se llevará a cabo en Los Ángeles empezando en Octubre.

“Quiero estar ahí y verla cuando finalmente la encuentren culpable”, dijo.