A. Garcia / El Sol

LAPD espera que una recompensa de $ 50,000 cree nuevas líneas de investigación.

La noche del 1 de septiembre, Pedro Hernández disfrutó de una cena familiar celebrando el cumpleaños de una de sus hermanas mayores.

Justo antes de la medianoche, después de la insistencia de sus amigos, fue a recoger a su novia y se dirigió a una fiesta anunciada por volantes y en redes sociales que tenía lugar en una casa sobre la cuadra 14500 de la Avenida Tyler en Sylmar.

Esa fue la última vez que Ofelia Hernández vio a su hijo menor vivo.

Aproximadamente una hora más tarde, el detective de la policía de Los Angeles Rich Moakley dice que Hernández – un chico grande que jugó football americano y soccer para la secundaria Monroe en North Hills – “intervino o intentó detener una pelea” en la fiesta y alguien sacó un arma y le disparó varios veces. Hernández murió en el hospital Holy Cross horas más tarde.

Su madre no supo de su deceso hasta las 9 a.m. del domingo.

“No sabíamos dónde estaba. Lo encontraron en Holy Cross y no lo volví a ver vivo”, dice Ofelia mientras se detiene una y otra vez, abrumada por las lágrimas.

A pesar de haber más de 100 personas en la fiesta, su asesinato sigue siendo un misterio y no se ha dado con los responsables.

“Hemos encontrado cierta resistencia (de los asistentes) para cooperar con la policía”, dijo el det. Moakley durante una conferencia de prensa en la estación Mission del LAPD el lunes 4 de Febrero. “Algunos de los asistentes a la fiesta conocían a los asaltantes y quieren delatarlos”

Al menos dos, y tal vez tres, armas distintas fueron utilizadas en el tiroteo, dijo el Det. Moakley.

Admitió que esto es frustrante, porque había al menos “20 personas que estaban en posición de ver lo que pasó”.

La madre del joven llamado cariñosamente “Peter” por la familia y los amigos dice que también es frustrante para ellos.

“Hay tantas versiones que realmente no sabemos lo que pasó”, dijo.

Juliana Jiménez, la hermana mayor de Hernández, también expresa esa misma frustración.

“Él necesita justicia. Hazlo por él, por nuestra familia. Tenía 19 años, estaba comenzando su vida. La violencia tiene que terminar”, dijo Jiménez, antes de decirle al asesino: “te perdono”.

A los que estuvieron presentes en la fiesta, les suplicó su ayuda.

“Hubo montón de gente joven allí que vio lo que pasó. Si realmente crees que eras su amigo, hazlo por él”, agregó Jiménez.

Ofelia dice que extraña todo sobre su joven menor, a quien describió como una “persona feliz”, siempre “dando abrazos” y con una sonrisa.

Hernández trabajaba en un restaurante de Yoshinoya y planeaba estudiar para convertirse en un mecánico de aviación.

Ofrecen Recompensas 

Con todas las pistas agotadas y sin nueva información para resolver el asesinato de Hernández, la Concejal Mónica Rodríguez y los detectives de LAPD anunciaron esta semana una recompensa de $50,000 por información a cualquiera que ayude a la policía a aprehender a su atacante (s).

La información también se puede proporcionar de forma anónima.

La Policía también espera que una recompensa de $50,000 los lleve a resolver otro caso que los ha desconcertado por más de un año.

Aproximadamente a las 9 p.m. del 11 de Enero de 2018, dos hombres llamaron a la puerta de la casa de la familia Baltazar sobre la cuadra 13600 de la Avenida Simshaw en Sylmar.

Su hijo Gregory, de 31 años, fue a contestar y después de abrir comenzó a discutir con los individuos, uno de los cuales sacó un arma y le disparó frente a su casa.

Su madre y su hermana, que escucharon los disparos, corrieron a su ayuda y lo encontraron “sangrando” hasta morir, dijo el Det. Eloy Navarro.

Había pocas personas alrededor de la zona en el momento, y hasta el día de hoy, nadie ha sido arrestado por el hecho.

La Policía cree que Gregory conocía a sus atacantes, pero las entrevistas con amigos no han dado ningún posible camino para dar con sus agresores.

Para sus padres, Rosalía y Gregorio Baltazar, el último año ha sido uno sin un solo día de paz.

“Les pido que tengan misericordia, que den a mi hijo justicia. Él, ni nadie, merece que les quiten sus vidas de esta manera”, suplicó Rosalía.

“Les ruego que no perdamos más vidas”, agregó.

“Esta es una pesadilla que estamos viviendo todos los días”, agregó Rosalía.

“Cuando matan a un hijo, también matan a una familia”, dijo su padre, Gregorio. “Han hecho un gran daño a nuestra familia”.

La Concejal Rodríguez también pidió ayuda “para asegurar que estas familias puedan finalmente tener algo de paz”.

“Estos jóvenes tuvieron sus vidas truncadas demasiado pronto”, dijo.

Si usted tiene alguna información con respecto a cualquiera de estos asesinatos, llame al (818) 374-1938, (818) 374-1942 o (818) 374-1943.