La ciudad de San Fernando organizó una reunión comunitaria titulada “Información y conversación sobre inmigración” el 31 de agosto, la cual incluyó debates en grupos pequeños, un panel de discusión y una feria de recursos. (Maria Luisa Torres)

Benita Rivera se mudó a San Fernando en 1960 y, a lo largo de las décadas, vio crecer a sus hijos, dio la bienvenida a sus nietos y observó cómo su ciudad crecía. Pero algunos cambios recientes la han tomado por sorpresa: en particular, el apoyo que ven entre algunos miembros de la comunidad a las actuales políticas punitivas de inmigración de la administración en el poder.

Por eso, Rivera asistió a la “Información y conversación sobre inmigración” del Ayuntamiento de San Fernando, que incluyó discusiones en mesas redondas de grupos pequeños, una presentación tipo panel con espacio para preguntas y respuestas, y representantes de agencias comunitarias, de salud y de organizaciones de apoyo a personas inmigrantes.

“ Voy a decirles la verdad: no tengo ningún problema [de inmigración]”, dijo Rivera sobre su propio estatus migratorio, hablando con San Fernando Valley Sun/el Sol durante el evento del 31 de agosto en Las Palmas Park en San Fernando. “Al menos, no creo que tenga, pero con el presidente que tenemos, nunca se sabe, porque incluso personas que nacieron aquí han sido [deportadas]. Por eso vine esta noche: para escuchar, para [aprender] … porque esta información es importante para todos”.

Cristina Moreno, coordinadora de servicios sociales de la Ciudad de San Fernando, dijo que su objetivo era brindar un “puente de miembros de la comunidad hacia [organizaciones de] recursos” e información para que puedan “salir con la sensación de empoderamiento … con la certeza de que somos una sola comunidad”.

Algunas de las organizaciones de recursos que ofrecieron información incluyeron el Central American Resource Center (CARECEN), la Coalition for Humane Immigrant Rights (CHIRLA), Home Again LA, Resilient Therapy, El Centro de Amistad, Latinx Therapy y el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles.

Los participantes enviaron preguntas de manera anónima para el panel de seis integrantes. Una de las preguntas principales que abordaron fue: ¿Cómo pueden las personas evitar estafas de inmigración?

“Quiero asegurarme de que todos en el salón sepan que únicamente un abogado y un representante acreditado están autorizados para dar asesoría legal; un notario [notary] o consultor de inmigración [can’t]”, advirtió Haidy Juarez, gerente de programa de la Oficina del Condado de Los Ángeles para Asuntos de Inmigración. Dijo que con frecuencia las personas desesperadas terminan confiando en el tipo equivocado por la recomendación de un amigo que alguien que conocen les ayudó por muy poco dinero.

Algunos notarios cobran el dinero de las personas y nunca cumplen con sus promesas de completar o presentar formularios de inmigración en su nombre, o mienten sobre qué tipo de alivio podría recibir una persona indocumentada, dijo Juarez, y señaló que a veces sus oficinas desaparecen de un día para otro.

Incluso algunos abogados con licencia están aprovechándose de personas que se sienten asustadas, añadió.

“Nuestras comunidades inmigrantes son especialmente vulnerables y, francamente, hay buitres que se aprovechan de estas situaciones”, dijo Juárez. Recomendó comunicarse con su oficina si alguien cree que un abogado con licencia fue negligente en su caso y buscar recomendaciones de proveedores legales confiables a través de CARECEN, CHIRLA, otros grupos comunitarios o el condado.

Los asistentes al encuentro recibieron folletos informativos bilingües sobre preparación familiar: incluyendo qué hacer si agentes de inmigración llegan a la puerta principal; cómo elegir a un cuidador para estar listo en caso de que los padres sean detenidos o deportados; y cómo asegurar copias de documentos importantes.

Durante la noche, en las discusiones en grupos pequeños, algunos participantes dijeron que asistieron para obtener información para sus seres queridos. Una mujer recogió un folleto extra para su hermana indocumentada, quien tiene dos hijas. Su hermana tiene amistades o familiares que llevan a las niñas a la escuela, para limitar su tiempo en espacios públicos y evitar posibles interacciones con agentes de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), pero aún no ha elegido un cuidador ni ha hecho un plan familiar.

Aunque Rivera no tiene amistades o familiares cercanos que estén indocumentados, conoce a varias personas que sí y quería aprender la mayor cantidad posible de información para compartirla. En especial, señaló, para quienes tienen demasiado miedo como para asistir en persona a un evento relacionado con inmigración.

“Lo que más me pone triste es que hay personas que son de aquí, o que han vivido aquí en Estados Unidos durante mucho tiempo, y ya no les importa qué le pase a nadie más”, dijo. “Conozco a una chica que me dijo que cuando llegaron a Estados Unidos llegaron con un coyote, y ahora es gran partidaria de este presidente. ¿Cómo es posible? Deberíamos apoyarnos todos entre nosotros.”

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